El libro está escrito en un tono académico con abundantes referencias a filósofos clásicos y contemporáneos, lo que hace que la primera mitad sea poco atractiva. En esta primera parte se adivina hacia dónde nos quiere llevar Lukes. La segunda mitad es clara y sólida, con unos capítulos bien construidos a la hora de defender la absoluta universalidad de ciertos principios morales (como el derecho a la vida) y la realidad de multitud de rituales de transición festejados en culturas a lo largo del mundo pero que luego, en la esfera privada, la mayoría de protagonistas abominan (ablación, circuncisión, escariaciones...)
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